Crítica de la película Otelo (1952)

El empeño de un autor

De las tres adaptaciones de la obra de Shakespeare que hizo Orson Welles la que ha tenido menor aceptación ha sido siempre este ‘Otelo’, a pesar de lo cual obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Algunos argumentan que es debido a la falta de cohesión de la película, que se nota que tardó tres años en rodarla, con graves problemas de presupuesto, que con cada productor tuvo que usar localizaciones diferentes, directores de fotografía distintos, incluso cambiar de actores, etc… Yo no estoy de acuerdo con ninguna de estas apreciaciones. Si bien es cierto que fue uno de los rodajes más complejos (y apasionantes) de la historia del cine, no se puede negar que el talento visual de Welles, unido a su sentido de la planificación y el ritmo, consigue enlazar un producto disperso en una película compacta y clara gracias a su maestría en el montaje.

Welles se pasó tres años actuando en diversas películas para ganar dinero, entre ellas, ‘El tercer hombre’ (The Third Man, 1949) de Carol Reed y ‘La rosa negra’ (The Black Rose, 1950), de Henry Hathaway, dinero que invertía hasta que se le acababa en el rodaje de ‘Otelo’, y otra vez a actuar. Así, hay secuencias dialogadas en las que los contraplanos están rodados años después en localizaciones distintas y hasta con actores diferentes (hubo tres actrices en el papel de Desdémona). Con cada productor asociado debía ir a localizaciones distintas, (se rodó en diversos escenarios de Roma, Marruecos e Italia), por lo que algunas de las localidades que se muestran en la película son en realidad montajes de planos de diferentes ciudades y castillos. Fue su primera película rodada en Europa, y contó en principio con G. R. Aldo en la fotografía (el operador italiano más importante, que trabajó en numerosas películas neorrealistas, muchas a las órdenes de Visconti, ‘La terra trema’ -1948- entre otras), pero lo largo del rodaje le impidió terminarlo, y participaron otros cuatro aunque con el diseño de iluminación preparado por Aldo. Hubo momentos en los que la falta de presupuesto les llevó a él y a su director artístico Alexandre Trauner (famoso por sus trabajos con Billy Wilder, por ejemplo en ‘El apartamento’ -The Apartment, 1960-) a improvisar decorados y vestuario, como en la secuencia del intento de asesinato de Cassio, para la que no llegó el vestuario y decidieron rodarla en un baño turco fabricado con cuatro tablas en la que los soldados sólo llevaban toallas ceñidas a la cintura.

Ninguno de estos problemas se deja ver en la película. Para eso están la planificación y la moviola. Si en la anterior adaptación de Shakespeare, Macbeth (id., 1949), Welles utilizó ante todo el plano secuencia, aquí es el montaje acelerado lo que predomina, aunque en ambas el estilo visual de Welles se antepone incluso al texto al que sirve. Sus angulaciones exageradas, sus movimientos bruscos y la estética de la oscuridad hacen perfectamente reconocible al autor de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), cuyo estilo barroco se adapta perfectamente al ambiente de los viejos castillos medievales. Genial la secuencia con que se inicia la película, el entierro de Othello y Desdémona y el encierro de Yago, y la de la muerte de Othello, en una habitación donde sólo hay luz en su rostro mirando a los que le observan desde arriba, en un plano muy picado.

En cuanto a la historia que cuenta, decir que se ciñe al milímetro al bien conocido texto de Shakespeare. La forma de rodar de Welles encaja como un guante en las luchas internas del personaje, y junto con el montaje que intercala planos de diferentes escalas crea una sensación de lucha interior e inestabilidad que nos acerca a la perfección las emociones de Othello. Por no hablar de la maldad de Yago, el instigador de los celos del moro, al que siempre nos presenta en angulaciones extrañas que producen desasosiego y nos ponen en guardia contra él antes incluso de descubrirnos su maldad.

La película se mueve fotográficamente en los ambientes tenebristas del expresionismo alemán tan querido por Welles, un aspecto en el que no se notan para nada los bajos presupuestos con los que se rodó la película. A este respecto cabe señalar que es un estilo fotográfico bastante barato, sobre todo en cuanto a difusores de luz y similares, por supuesto siempre y cuando uno no se olvide de que para tener un color negro puro siempre hay que poner algo de luz en las zonas negras, ya que si no sale gris (sutilezas de las emulsiones fotográficas).

También hay que destacar las extraordinarias interpretaciones de los actores, con un Welles que nunca estuvo mejor (¿quién ganaría el oscar aquel año?), y unos actores poco conocidos pero muy curtidos en el teatro en los demás papeles principales (hay algún cameo de Joseph Cotten o Joan Fontaine en papeles muy secundarios, un senador y un paje respectivamente). En cuanto al papel de Desdémona, aunque fue interpretado por tres actrices distintas sólo Suzanne Cloutier aparece en los créditos, ya que las demás sólo se utilizaron para los planos lejanos.

Para finalizar, no puedo dejar de mencionar a riesgo de ser linchado por los incondicionales de Welles que a mí personalmente su exceso de retórica visual y barroquismo siempre me han parecido un poco pedantes, a menudo innecesarios y con demasiadas pretensiones autorales. Desde luego hay muchos directores que usan recursos igual de exagerados pero a los que me siento muy cercano; cada cual juzga según su idiosincrasia y esta es la mía. A este propósito hay que reconocer que el estilo de Welles y de Shakespeare, cada uno en su medio, es muy parecido, y el resultado final en esta película y en las otras dos adaptaciones es de una coherencia asombrosa y no puedo negar que, tras ‘Sed de mal’ (Touch of Evil, 1958), ‘Otelo’ es mi película favorita de un director que me gusta sin entusiasmarme.

¿Qué es la nomofobia?

Se trata de un trastorno que sufre, sin saberlo, al menos la mitad de la población. Cuando nos quedamos sin batería después de pasar todo el día fuera de casa, y una sensación de ansiedad nos invade y nos hace desear intensamente el momento en que volvamos a enchufar el teléfono móvil a la corriente, hablamos de un caso claro de nomofobia.
Si somos presas de la desesperación al darnos cuenta a medio camino del trabajo de que hemos olvidado el móvil en el recibidor y de que en el transcurso de esa escasa media hora han podido contactarnos un número inconmensurable de personas, hablamos también de esta novedosa enfermedad, hasta ahora no declarada.
La nomofobia es el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término proviene del anglicismo “nomophobia” (“no-mobile-phone-phobia”). La dependencia al dispositivo electrónico genera una infundada sensación de incomunicación en el usuario cuando este no puede disponer de él, bien porque lo haya dejado olvidado en casa, bien porque se haya agotado su batería o esté fuera de cobertura.

A pesar de contar con las vías ordinarias de comunicación, empezando por la de personarse ante su interlocutor, el nomofóbico enloquece ante la imposibilidad de contactar con cualquier persona en cualquier momento allí donde se encuentre. No se aplica únicamente a los usuarios de smartphones, si bien es cierto que los antiguos teléfonos móviles no generan en nosotros tanta adicción al no ofrecer posibilidad de navegación, ya que se ha trasladado el grueso de la actividad comunicativa de nuestros cercanos a la mensajería instantánea.

Según las estadísticas, los usuarios de smartphones consultan sus teléfonos una media de 34 veces al día.Los síntomas de este trastorno son sensación de ansiedad, taquicardias, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y dolor de estómago. Según los expertos, el nomofóbico suele ser una persona insegura y de baja autoestima. Las mujeres son quienes más la padecen, dado que su estructura cerebral les procura una mayor necesidad comunicativa y necesidad afectiva que a los varones. En cuanto a la edad, la nomofobia suele darse en mayor medida en adolescentes.

Eso también se puede entender, puede ser el miedo a perderte las últimas ofertas de www.mascupon.eswww.mascupon.com.mx y www.mascupon.com.ar

Miwuki: la app para adoptar perros

Redes sociales y aplicaciones móviles están presentes en nuestra rutina casi sin darnos cuenta. Hacer la compra semanal, buscar el restaurante más afín a tu plan del sábado noche, conocer gente… Y, por qué no, encontrar a tu mejor amigo ideal. Miwuki te permite descubrir y elegir a tu mascota sin moverte de casa.

Según el último estudio realizado por la Fundación Affinity sobre el abandono, la pérdida y la adopción de animales de compañía en España, en 2015 fueron recogidos casi 138.000 perros y gatos. Las protectoras y centros de acogida trabajan para dar a estos animales una segunda oportunidad. Los datos dicen que un 20% es devuelto a sus familias, un 44% es adoptado por nuevos dueños, un 14% permanece en los centros de acogida y, desafortunadamente, un 10% es sacrificado.

Ante estos datos, Álvaro de Francisco y Álvaro Serrano (veterinario e informático, respectivamente) fundaron Miwuki, un programa de gestión para las protectoras de animales y una aplicación gratuita de Android para poner en contacto a los animales y usuarios interesados en su adopción o acogida. Los creadores cuentan a FCINCO que la idea surgió hace seis meses, aunque la plataforma no ha aparecido oficialmente hasta el pasado 2 de enero.

Más de 280 protectoras de animales están detrás de la aplicación que ya ha acumulado en menos de un mes 7.000 usuarios interesados en adoptar. El objetivo principal de Miwuki es “facilitar el trabajo a las protectoras y darles nuevos medios para que se conozca su trabajo y los animales con los que trabajan”, afirma Álvaro de Francisco que, por su vocación profesional, ha estado involucrado en proyectos con distintos centros de acogida para animales. Sólo las protectoras pueden publicar el perfil de la mascota, los particulares no pueden hacerlo.

El funcionamiento de Miwuki como App es muy sencillo. Al descargar y abrir la aplicación, aparecen cientos de animales para que puedas elegir el más afín a tus gustos. Cuando haces click sobre el nombre y foto del animal, se abren las características que describen el perfil de la mascota. Los perros y gatos son los animales que priman en la aplicación, aunque también hay conejos, hurones…

Según ha informado el cofundador de Miwuki, dentro de una semana estará disponible un formulario para los usuarios interesados en la adopción. Éste servirá como filtro para que sólo aparezcan en tu timeline las mascotas más acordes a tus preferencias.

Tecnología contra la violencia de género

Cuando Carmiña Santamaría se enteró de que su amiga fue secuestrada, el temor detonó en ella la necesidad de desarrollar una aplicación para ayudar a las mujeres que atraviesan situaciones de peligro. La boliviana junto a un equipo de expertos en nuevas tecnologías -entre estos el ecuatoriano Carlos Villavicencio- dieron forma a Kwema, un brazalete que activa un sistema de alarmas cuando la usuaria se encuentra en problemas. A escala mundial, una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual, según ONU Mujeres.

En Ecuador, 6 de cada 10 mujeres sufren violencia de género. Cifras como estas son las que han alimentado el proyecto de la boliviana. Para Santamaría, la realidad es que Kwema y otros dispositivos similares son el síntoma de que el empoderamiento de la mujer en la sociedad contemporánea implica también a través de tecnologías que ayuden a proteger a un grupo vulnerable.

Este es, precisamente, el caso de la aplicación I Feel Safe, lanzada recientemente en los mercados de iOS y Android. La ‘app’ fue presentada por el equipo de desarrolladores de la fundación india Nirbhaya Jyoti Trust, institución creada luego de la violación y asesinato en grupo que sufrió una pasante de fisioterapia en un autobús en Nueva Delhi, en 2012. I Feel Safe funciona como aplicación móvil que, tras presionar cinco veces consecutivas el botón de encendido del teléfono, envía una alerta a las autoridades locales con un mapa de ubicación de la usuaria.

Junto a la funcionalidad, uno de los aspectos que destacan al momento de crear estos dispositivos es el diseño. Es por ello que emprendimientos como Safelet o Roar (Athena) apuestan por gadgets que luzcan como joyas para que pasen desapercibidos en el día a día. En esta última línea se encuentra, por ejemplo, Siren, un anillo que emite un sonido casi ensordecedor cuando se activa el dispositivo. Para sus creadores, el objetivo es que la usuaria tenga una opción de escapar de su agresor, así como llamar la atención de quienes se encuentren cerca.

Para Villavicencio, este tipo de tecnologías resulta una necesidad en los contextos latinoamericanos. Tanto en Guayaquil, donde estudió su carrera universitaria, como en Ciudad de México, lugar en el que desarrolla actualmente parte de la tecnología de Kwema, ha visto que la violencia de género es una constante en las mujeres. A su criterio, estos dispositivos no resultan un lujo, sino en una suerte de necesidad para asegurarse de que ellas transiten seguras por las calles.